CREO-QUIERO
(poema místico-cartesiano)
 

Sólo pido, Señor, que de verdad existas,
más allá de mi anhelo de que seas,
pues si Tú eres, Señor, yo por tanto existo,
y mi vida no es muerte a cada instante,
y, si caigo, desciendo hacia el gran salto,
y, si sufro, es un sueño que tendrá fin al alba.

Sólo pido, Señor, que Tú también existas,
aunque no pueda verte con los ojos
ni mi incrédula mano verifique tu herida.
Porque, si no, no importa lo que crea,
y mi rezo no es nada más que aire,
y yo mismo soy aire inverosímil
en vez de ser tu soplo concretado.

Ojalá que Tú existas, y yo contigo un poco,
pues quiero ser tu chispa, y no mero chispazo
devenido del choque azaroso de estrellas,
pues quiero ser el hijo deseado de un padre
y no engendro que mira y a nadie se parece.
Ojalá que la niebla de la duda levante
con la luz meridiana de tu sol imponente,
y tu voz aniquile el silencio y la nada.
Ojalá que aterrices de nuevo y yo me eleve.
 

Así sea, Señor, que desde siempre existas,
lo quiero y lo requiero para seguir viviendo.
Y a la diosa Razón que te ha negado a priori,
la conmino a que sirva al Único Omnisciente,
y entonces -cual Descartes- no te descarto ahora,
y cogito argumentos que te demuestran antes:
“Igual que quise el agua el primer de mis días,
y el agua ya existía, y yo también era agua,
así te necesito, mas yo no te he inventado,
y Tú antes de mí estabas, y yo de Ti provengo”
-digo en mi noche cuando al buscarte no te hallo,
y temo ser yo mismo nada más una sombra.

Creo-quiero, Señor, que indubitablemente existas,
y quizás no te vea -hallo reflexionando-
porque seas tan grande y te tenga tan cerca,
porque yo sea un granito pegado a ti, Gran Hito,
como una cría aún ciega que amamanta su madre;
quizás yo no te vea porque me estás mirando
con la luz de tus ojos cegándome los míos;
quizás yo no te vea porque estoy ya en tu seno
que lo comprende todo, aunque yo no comprenda.

                   © Roberto Lumbreras Blanco, 2001.


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