EL ESCRITOR SEGÚN SU POÉTICA

Escribo lo que me gusta a mí, que es exactamente lo que me gustaría leer: el artista, como el amante, debe gustarse así mismo para gustar a los demás.

Aplico el "imperativo categórico" kantiano al acto de escribir: "escribe como si lo escrito fuera a ser lectura obligatoria para los alumnos de Literatura". Con este listón tan alto, a la fuerza uno ha de superarse.

"Sorpréndete a ti mismo". Éste debería ser el verdadero lema. Pues en conocerse a sí mismo tarda uno poco, y en el mismo momento comienza a aburrirse.

Literatura debe ser fabulación. Hay que quitar realismo a la vida: sublimarla, refractarla, acelerarla y retardarla a placer, cambiarla de color, de olor y de sonidos, jugar con el enfoque y el desenfoque, amalgamar el lirismo y la ironía, girarlo todo, barajarlo, rebautizarlo.

El libro debería abrirse como una puerta: una puerta que nos invita a evadirnos de la vulgar y monótona cotidianeidad.

El escritor no debe renunciar a ningún género, y debe tocar todos los "palos", en su itinerario natural. A semejanza de la carrera lírico-vocal, donde se empieza por el repertorio ligero (Rossini), se sigue con el medio-pesado (Verdi), el pesado (Puccini) y se llega al superpesado (Wagner); pero siempre, a lo largo de toda la carrera vocal, está Mozart, que es la esencia de la música. Así, la carrera natural del escritor empieza por géneros fragmentarios, hasta alcanzar las arquitecturas más complejas del teatro y la novela; pero siempre está -no puede faltar- la Poesía. Wei Hui, la autora de Shangai baby dice que antes de empezar una novela compone siempre un poema. Ésa es la esencia.

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